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Ante este panorama, es imprescindible implementar un enfoque sistémico
                  en la administración de las ciudades mexicanas. Es necesario alejarnos de
                  la simplificación que confunde la independencia administrativa de cada
                  área con una gestión efectiva. En su lugar, debemos coordinar los temas
                  de interconectividad urbana, considerando cómo cada decisión en un área
                  impacta a las demás. Sin embargo, la dificultad de un trabajo de esta na-
                  turaleza radica en la complejidad de medir sistemas integrados, por lo que
                  una administración urbana eficaz debe contar con un sistema de medición
                  capaz de capturar esta complejidad. Este sistema debería estar diseñado
                  para identificar y evaluar las múltiples interacciones que se producen entre
                  los diferentes componentes de la ciudad, desde la salud pública hasta el
                  medio ambiente, pasando por la seguridad y la economía.
                  La salud de los habitantes de una metrópoli, por ejemplo, no puede anali-
                  zarse solo desde la medicina, sino también desde los factores urbanos que
                  fomentan el sedentarismo o la contaminación atmosférica. La calidad del
                  aire no se limita a la emisión de contaminantes industriales, sino que tam-
                  bién está ligada a nuestras formas de producción, consumo y a las políticas
                  que promueven o desalientan ciertos tipos de desarrollo. La seguridad no
                  depende únicamente de la cantidad de policías en las calles, sino de la for-
                  ma urbana que facilite el intercambio, la visibilidad y la convivencia. El
                  sistema de transporte no puede evaluarse solo por los tiempos de traslado
                  o los aforos, sino también por el crecimiento de la mancha urbana y las re-
                  gulaciones que impiden la mezcla de usos de suelo. Asimismo, la movilidad
                  no motorizada no puede planearse sin considerar factores como la arbori-
                  zación, que refresca y humedece el aire, creando un entorno más agradable
                  y saludable para los peatones y ciclistas.

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